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De la Mar el Mero y de la Tierra el Cordero

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Hoy, como dice mi compañero, repetimos, volvemos a comer en nuestro lugar de referencia: el restaurante Barón del que ya hablamos. Aunque repitamos nunca es lo mismo si se sabe apreciar cada detalle, y eso en la gastronomía y en cualquier relación es fundamental. Lo sentidos deben estar atentos a todo lo que en la vida, el instante, nos puede ofrecer, es la única actitud sana. No quedarnos con la superficie solamente, que también tiene su aquel en algunos momentos, interesa más bucear un poco en ese inmenso mar de percepciones que nos transmiten el olfato, el gusto, el oído y la mirada. No hay nada como una mirada. Los ojos nos delatan fácilmente, son espejos muy difíciles de deformar. No sirven las caretas, ni las sonrisas forzadas, la mirada lo dice casi todo. Por eso no me gusta el viento, deforma casi todas las percepciones y te hace cerrar los ojos. Hoy hace una día briosamente ventoso, estamos dentro, a salvo, detrás del cristal que alguien inventó para que pudiéramos ...

Bar Restaurante el Kiosko

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A veces me pregunto por qué trabajamos tanto, dedicamos tantas horas a ganar dinero, eso si tienes suerte y no eres autónomo, en éste último caso también puedes trabajar mucho y perder platica(como dirían algunos semejantes). Para bien y para mal he vivido todos los casos en mis casi treinta y cinco años de vida profesional. Me pregunto: ¿pero qué hago yo pensando en trabajo si hoy es jueves y viene mi amigo Ángel a compartir comida y charla? Sinceramente me resulta difícil, cuando no imposible, desligar mi vida personal de mi vida profesional, como tantos autónomos de este país. Si uno echa la vista atrás se acumulan como en un balance tanto activos como pasivos, o lo que es lo mismo, tanto éxitos como fracasos. No seré yo quien dé el resultado todavía. Cuando fracasas los amigos se reducen, cuando tienes éxito los amigos crecen. Lo hermoso es  aquellos, que pese a no cumplir con sus expectativas, incumplir involuntariamente o errar, sigue...

Café -Restaurante Barón: El arte de comer bien con sencillez

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Javier y Germán junto con su equipo regentan este café restaurante en la Avenida del Oeste 25 en Valencia. Su teléfono, para que se pueda sentar seguro es el 963223624. Su menú por 9,20 € no tiene comparación ni en precio ni en calidad con ningún otro. Cuatro entrantes y cinco segundos a elegir, bebida y postre incluidos hacen este restaurante acogedor y con una terraza en pleno centro un lugar siempre muy concurrido. Los cafés y los almuerzos vuelan y tienen el tacto de, con mucho esmero, prepararte el menú para llevar. Me gustan especialmente las ensaladas individuales, no les falta de nada sano, y sus pescados y carnes bien tratadas y hechas a la plancha por Germán con mucho mimo, también algún guiso de gusto en cocina, la guarnición  con patatas al horno y verduras que tan bien acompañan. Además de  ser un restaurante muy familiar y cómodo, sus propietarios te hacen sentir bien, especialmente Javier que es el único profesional que se sabe tu nombre, que yo conozca, d...

Café Barón

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                    Aunque vivo alejado del centro he decidido que hoy es un buen día  para ir hasta allí caminando y así verme y  sentirme entre el sol y la gente  con la que convivo en mi ciudad.           Como es jueves he quedado con Alejandro para comer y voy con tiempo suficiente para desayunar  y pasear por el dédalo de calles  del centro histórico de Valencia por el que siempre descubro algún  lugar desconocido  entre  rincones y edificios antiguos  que me llevan  a  admirar un misterioso pasado  que  del todo no entiendo. Es como si  los que allí vivieron en otras épocas  dejaran en las calles y las piedras detalles y ambientes impregnados de   belleza,              Al Barón, Javier el propietario,  le puso el nombre por est...

El Gustólogo

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A modo de prefacio para este Blog, cuando é ramos más jóvenes... Algunos sabores, al contacto con la boca, nos devuelven emociones del pasado, quizá comparables a las sensaciones al mirar las llamas de una buena fogata en invierno: la mayoría de personas nos sentimos como en un trance, como en un rito iniciático que nos lleva a lo más hondo de nosotros mismos. Siempre que le ocurría esto al señor Flor, imaginaba lo que sintió el ser humano que descubrió el fuego: esa primera vez, ese descubrimiento infinito, grabado en sus ojos para siempre, en una huella impresa, transmitida de generación en generación, desde el pasado hacia el futuro. Pensaba que eso mismo, dentro de nosotros, ocurría con los sabores. El señor Flor era ya un anciano apacible, que en su juventud, eligió para su vida una profesión inventada por él mismo: Gustólogo. Todo comenzó una noche de julio cerca del mar, en la que la luna parecía una moneda a punto de introducirse en una inmensa hucha negra. ...